La autonomía es un proceso bioenergético

La autonomía es fundamental para todo ser en crecimiento. Sin autonomía, hay fusión, simbiosis y dependencia.

Mientras que para algunos organismos, como el recién nacido humano, la simbiosis durante un cierto tiempo es una necesidad biológica, esta simbiosis es limitada en el tiempo y debe dar lugar gradualmente a la autonomía.

Aunque se necesita una simbiosis natural para los primeros dieciocho meses del recién nacido, debe venir poco a poco a su fin después de ese período. Por desgracia, la cultura moderna es más o menos completamente disfuncional con respecto a este movimiento primigenio de la fusión a la autonomía que debe tener lugar, de forma dinámica, en el proceso de crecimiento del bebé humano.

Lo que pasa es que la simbiosis biológica necesaria con la madre, dieciocho meses a partir del nacimiento, se descuida por diversas razones; muchos bebés sufren de una privación táctil más o menos estricta que dejará cicatrices para toda la vida.

Para compensar por la falta de la atención otorgada al bebé, como una culpa-reacción y por varias otras razones, la condición post-simbiosis no es mejor para el niño: en lugar de crecer en autonomía, la mayoría de los niños en nuestra cultura crecen en la codependencia con sus padres y cuidadores; en vez de construir una medida gradualmente más grande de autonomía, los padres tienden a enredar gradualmente a sus hijos en una tupida red de rígidas dependencias.

Un niño criado naturalmente suele ser más independiente y más autónomo que un niño que rara vez se toca, o carece de afecto y se ha convertido neurótico. El comportamiento aferrándose observado frecuentemente de niños de la ciudad moderna, su indefensa, comportamiento torpe e irresponsable, incluso hasta cuando se acerca la pubertad, su inmadurez en el manejo de objetos afilados o frágiles, como cuchillos o vidrios muestra así el bloqueo de su flujo emocional, y la enredo codependiente con sus padres.

Hay un esfuerzo natural para la autonomía integrada en cada vida que crece. Un niño de tres años de edad necesita más autonomía que un niño de quince meses de edad. Por ejemplo, un niño de dieciocho meses necesita más autonomía que un bebé de cinco meses. Muchos padres ignoran que los bebés, niños pequeños y niños en edad preescolar, ya antes de alcanzar la edad de la escuela primaria, necesitan desarrollar autonomía.

Muchos adultos creen que los niños crecieron a través de cambios mágicos, como el de la infancia a la niñez, de la niñez a la juventud y de la juventud a la edad adulta. El primer turno se cree que tiene lugar alrededor de los siete años de edad, el siguiente en torno a doce años de edad y el último alrededor de dieciocho años de edad.

Sin embargo, no existen estos cambios en la vida real. Como todo, el crecimiento es gradual y suave. Es por esto que toda la educación debe ser gradual y suave. Si bien es una buena cosa a tener ciertos ritos de iniciación o ceremonias que marcan pasos importantes en el crecimiento de los niños, estos ritos son lo que son: piedras que ponen marcas sobre un camino de otra manera continuando. Llego a una piedra, veo la piedra, toco la piedra, paso la piedra, recuerdo la piedra. Mi pasar la piedra es gradual y suave, y la piedra es de menor importancia que mi pasarlo.

Lo que es importante es que yo crezco constantemente, que me sigue en movimiento. Aprendemos el movimiento básico en la autonomía durante nuestro primer año de vida, y no más tarde durante la adolescencia o cuando supuestamente convertimos en ese mundo mágico de la edad adulta.

Yo no menosprecio los importantes cambios que se producen en la vida de los adolescentes, y su enfoque a veces apasionado sobre conseguir más autonomía, ni me menosprecio el cambio marcado de la adolescencia a la edad adulta final.

Pero a menudo se observa que sobre todo los adolescentes que tienen padres represivos y posesivos consiguen en la pista desagradable y realmente empujan a través de cada milímetro de mayor autonomía.

Hay una lógica en cada comportamiento y los adolescentes que ponen gran énfasis en la autonomía tienen una razón para hacerlo. La razón tiene sus raíces en los años muy anteriores, en los años de la infancia.

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